sábado, 20 de abril de 2013

Bon Voyage Conil



El sol entra con fuerza por la ventana de mi habitación, ignoro cuantas horas llevo durmiendo, no hay nadie en casa. Me desperezo, y me levanto de mi cama. Estoy muy desorientado, salgo a la terraza del apartamento hace un día veraniego,  el sol está pegando fuerte, no sé porque razón pero me siento en una silla y me empiezo a  calzar las bambas. Algo no me cuadra, no me apetece desayunar esto es muy raro, estaré enfermo?

Me visto y me pongo en marcha, miro la hora 12:45????? En las primeras zancadas noto como mis articulaciones que estaban rígidas empiezan a relajarse, menos mal que me he cogido el Ipod. Empiezo a bajar una ligera pendiente que me lleva al parque de la Atalaya, donde tengo la costumbre de estirar.  Mientras estiro mi maltrecha rodilla, a lo lejos distingo una cabellera rubia que viene hacia aquí, como todavía estoy un poco dormido no reconozco a la persona.

Es Nicole, viene muy roja, correr con calor se le da bien. Me lanza una de sus sonrisas, y señala a su reloj, me hace gestos, creo entender que me dice que hoy voy muy tarde a correr. “ Very Late”. Ayer salí a correr con ella, le resulta difícil correr campo a través, pero cuando coge el  asfalto, vuela. Es fondista, la constancia de su ritmo es bestial. Hablamos de todo un poco, carreras, la playa, surf, sol…  Es mi último día en Conil, tengo que aprovecharlo, un rápido intercambio de e-mails, y por si no nos vemos un abrazo y tres besos.

Ya estoy en marcha, antes de llegar al malecón paro para beber agua y para encender el Ipod. Pongo música clásica para mis primeros compases de la carrera continua, “Obertura 1812” Tchaikovski. Siento como mi ritmo va acorde a cada nota de la canción, la música clásica me permite llegar a un estado de concentración máxima. Esquivo a los viandantes que se ponen delante mío, me rompe un poco el ritmo, pero se me hace más ameno a si no me aburro tanto.

No me suele gustar correr con música por que te priva oír las cosas de tú alrededor, los pájaros, el mar, los latidos del corazón, mis pisadas y a los viandantes. Excepto cuando tengo que correr pruebas de 14km o el maratón, necesito algo para que mi mente se distraiga.

Paso por el puente del Rio Salado, ya no estoy en Conil, me dirijo a las marismas del El Palmar, ahora suena “el Himno de la Alegría” de Ludwig Van Beethoven. El ritmo de la canción me duerme necesito una melodía eléctrica con la que su electricidad  pase a mis venas.  Mientras busco la  canción el olor al salitre perfuma todo el ambiente, levanto la vista y veo una ola a derechas perfecta rompiendo a unos 50 m de donde yo estoy corriendo. ¡Esta decido! ¡Esta tarde me meto con la tabla seguro!
EL Palmar
He hecho los 15 minutos de ida, me tumbo a descansar un poco, respiro hondo, el olor a mar se introduce hasta mis entrañas, es un gustazo!  El agua del mar refresca mis pies, los tenia asados, llevo 5 minutos descansando, el ritmo ha sido brutal, cierro los ojos por última vez y respiro con fuerza, cuesta imaginar que en menos de una semana  valla a estar en Alemania a 3 C°, frioooo!!

El camino de vuelta es mucho más tranquilo, pero llevo muy buen ritmo, solo pienso en los gambones que me tiene preparado mi padre. A la tarde las olas han mejorado muchísimo, muy buen swell, había más de 3 picos diferentes para coger, qué más puedo pedir. A la noche había que prepararse y salir guapo, puesto que había que salir  fiesta por Conil, y para culminar las vacaciones tengo  la suerte de tener una cita con una rubia perfecta!!!



PD: Perdón por el retraso del comentario, he tenido muy poco tiempo con el viaje a Alemania, en el siguiente post os contare lo vivido allí.
Tximista.

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